sucesiónn intestada en perú

La sucesión intestada, 2 maneras de realizarla

Podemos definir la sucesión intestada como aquella sucesión hereditaria que tiene lugar cuando el causante (persona fallecida) carece de testamento, o éste es declarado nulo o ineficaz. El objetivo de esta sucesión es identificar a los herederos legales del difunto, asignando a cada uno el porcentaje de la herencia que le corresponde según lo establecido en nuestra legislación.  

En el imaginario colectivo, es frecuente relacionar la idea de una herencia con un testamento, noción que ha sido implantada en nuestra sociedad a través de los años, hasta convertirse en un lugar común, motivo de animadas conversaciones e incluso de bromas y chanzas.

Sin embargo, pese a la familiaridad con que abordamos estos términos, la mayoría de peruanos que fallecen lo hacen intestados, es decir, sin haber elaborado un testamento, desaprovechando la oportunidad de manifestar su voluntad sobre el destino que deberán tener sus bienes y derechos cuando mueran.

Ahora bien, pese a esta tendencia omisiva, los bienes, derechos y obligaciones de una persona fallecida deben transmitirse a sus sucesores. Es en este caso donde cobra relevancia la sucesión intestada que es, como su nombre lo indica, una sucesión sin testamento. 

En el Perú, existen dos maneras de realizar la sucesión intestada, siendo estas las siguientes:

  1. Sucesión intestada notarial

Que se realiza de manera no contenciosa ante el notario del lugar del último domicilio del causante, debiéndose presentar los siguientes requisitos:

  • Solicitud dirigida al notario, firmada por cualquiera de los herederos y autorizada por abogado.
  • Copia certificada de la partida de defunción o de la declaración judicial de muerte presunta.
  • Copia certificada de la partida de nacimiento del presunto heredero o herederos, o documento público que contenga el reconocimiento o la declaración judicial, si se trata de hijo extramatrimonial o adoptivo.
  • Partida de matrimonio si fuera el caso.
  • Relación de los bienes conocidos.
  • Certificación Registral en la que conste que no hay inscrito testamento u otro proceso de sucesión intestada; en el lugar del último domicilio del causante y en aquél donde hubiera tenido bienes inscritos.

Acudir a la vía notarial resulta ventajoso, pues implica un ahorro significativo de tiempo, siendo que la duración del trámite puede oscilar entre un mes y medio y dos meses. Como hemos manifestado, esta sucesión es un procedimiento no contencioso, lo cual significa que no debería existir cuestionamiento sobre el derecho de los herederos. En este sentido, si el notario verificase la existencia de algún tipo de conflicto, suspenderá inmediatamente el procedimiento, remitiendo lo actuado al juez.

  • Sucesión intestada judicial

Es la sucesión hereditaria que se demanda ante un Juez de Paz Letrado, siendo sus requisitos muy similares a los anotados en la sucesión notarial.

Respecto a esta sucesión, podemos afirmar que su ventaja radica en que, a diferencia del notario, el juez sí está facultado para resolver las oposiciones que pudieran presentarse en el proceso, capacidad que resultará sumamente conveniente cuando existan cuestionamientos al derecho de alguno de los herederos o del mismo solicitante. Como desventaja de esta modalidad, podemos resaltar su excesiva duración en comparación con el trámite notarial, pues entre la interposición de la demanda y la consecución de una sentencia firme pueden transcurrir entre uno y dos años.

En resumen, si el derecho de los herederos resulta indiscutible, es recomendable tramitar la sucesión intestada en la vía notarial, procurado presentar todos aquellos documentos que acrediten el parentesco hereditario con el causante, en conformidad con lo establecido en la ley. Finalmente, es oportuno resaltar la importancia de la sucesión intestada, sobre todo en un escenario en que el causante era propietario de bienes muebles y/o inmuebles y existen dos o más personas con derecho a heredar, pues la declaratoria de herederos permitirá dilucidar cualquier confusión respecto a la titularidad del patrimonio hereditario, contribuyendo a evitar discusiones y rencillas entre los deudos del fallecido y promoviendo la paz familiar.

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